Soy originaria de San Pablo del Monte, Tlaxcala, tengo más niñas y no quiero que le suceda lo mismo que a Emma, acá en San Pablo hay muchas niñas que se están perdiendo, agradezco a mis familiares y amigos, gracias a ellos se rescató a mi niña, la autoridad no hizo nada”, menciona Magdalena, madre de Emma G.

Emma desapareció el 7 de diciembre del 2016 mientras iba caminando a unos metros de su casa, rumbo a la escuela, es golpeada y arrastrada hasta un vehículo, subida a la fuerza y trasladada.

Magdalena, quien se describe a sí misma como amorosa, exigente y que inculca valores a su familia, comenta que cuando Emma es raptada sufrió la angustia y desesperación más grande que alguna vez haya sentido. “Mi vida antes de ese día era tranquila, segura, era todo normal, pero a partir de lo que sucedió ya no estoy tranquila, mi hija no es la única, y sigue sucediendo lo mismo, hay varias desaparecidas. Ahora ya no las dejamos ir a la tienda solas, ni a la escuela, la gente esa no tiene corazón de lo que hacen. Ahora salimos con miedo, ya no podemos confiar en nadie”.

Emma G., menor de edad rescatada de las redes de tratantes, escribe en su libro de catecismo.

En vista de que las autoridades no iban a realizar ninguna investigación ni búsqueda de su hija, es a través de conocidos que se entera del caso de Karla Romero y se pone en contacto con su madre Olga Tezmol, quien la pone en contacto con Miriam, y desde entonces, Miriam ha llevado el caso de Emma, quien después de una búsqueda inmediata y movilización por parte de sus familiares y amigos, aparece en el estado de Puebla al día siguiente de su desaparición alrededor de las 10:00 de la mañana, con signos de violencia física y sexual.

“Dado que las víctimas son trasladadas a otros países, la implementación de un protocolo de búsqueda inmediato es imprescindible. Dicen: se fue con el novio. El novio generalmente en Tlaxcala es enganchadores, son hijos de lo que le llaman padrotes, o son novios que tienen 40 o 50 años y las niñas tienen 15 o menos, el no vislumbrar esto fortalece el problema. Hay patrones sistemáticos por parte de las autoridades que violentan los derechos humanos, esto está vinculado directamente a un tema de falta de capacidad técnica, profesional y a una cuestión de falta de claridad respecto a las obligaciones que tienen los funcionarios”, comenta Miriam, que caso tras caso se enfrenta a los mismos obstáculos y arbitrariedades con las autoridades.

Emma G., rescatada de las redes de tratantes, se abraza con su madre a la entrada de su hogar.

“Generalmente en todos los estados se da la cuestión de estereotipos de género, esto de se fue con el novio, seguro está de fiesta, habla de que las autoridades al subestimar una situación de riesgo facilita o pierdan horas trascendentes que en algunos casos ha habido situaciones en donde son encontradas victimas de feminicidio. Es una restricción social de derechos por el hecho de ser mujer, esto de no nacer con una cuestión del respeto sino tener que ganártelo y luchar por él. Siempre hay una situación de criminalización de desaparecidos, incluso termina investigándose más a la persona desaparecida que investigando a los posibles agresores, eso es una constante”, agregó.

A partir de estos acontecimientos, un grupo pequeño de familias, víctimas indirectas y víctimas directas, han estado en contacto constante para realizar acciones grupales, como terapias sicológicas o convivencias en hogares, Magdalena ha comentado que a partir de esas juntas que promueven la unidad entre las afectadas se siente un poco más tranquila, ya que entre ellas pueden expresarse y sacar el dolor que esto les provoca.

Retrato de Emma G., en la sala de su hogar después de haber sido rescatada de las redes criminales de la trata de personas con fines de explotación sexual.

“Para mi Tlaxcala no es un pueblo seguro, es un pueblo de corruptos, ni en la policía puedes confiar. Lo que ellos ven lo callan, y se alían con los delincuentes. Tlaxcala ya no es un lugar seguro. Aquí lo que reinan son los padrotes, son gente sin corazón.