“Tengo 16 años, soy de Tlaxcala. Vivo con mi hermana, mi mamá y mi papá. No quiero hablar de cómo son mis padres, ellos no saben mucho de mí, no tienen mucho que decir, supongo que dirían que soy callada”, comenta Judith B., adolescente que fue raptada al salir de su trabajo el 8 de enero del 2018 y traslada inmediatamente a la Ciudad de México por medio de las redes de tráfico de personas.

“Judith es una persona sencilla, le gusta mucho leer, le gusta demasiado escribir, la mayoría del tiempo le gusta convivir con su familia. Es muy inteligente. Por el problema que pasó decidimos que de momento no fuera a la escuela por cuestiones de seguridad. Prácticamente ahorita está todo el tiempo con nosotros”, menciona José, padre de Judith.

Después de dos días desaparecida logran dar con el paradero de Judith en la capital del país, es cuando con ayuda de la procuraduría, los padres se trasladan y realizan la labor del rescate el 10 de enero del mismo año.

Judith B., rescatada raptada en Tlaxcala, Tlaxcala, rescatada en Ciudad de México, observa las calles desde una ventana.

“Ahora mis papás me ponen más atención y eso me incomoda. Todos saben que mi forma de ser es de no me importa lo que digan los demás, pero yo soy muy seria y con los demás siempre tengo que fingir un poco de alegría. Es lo más normal que ven de mí. Mis padres no saben cuando estoy feliz o cuando finjo estarlo. Me hubiera gustado que me pusieran atención cuando era pequeña. Debido a que faltaron en mi etapa de crecimiento tuve que madurar un poco más rápido. No tuve infancia. Si ahorita me ves tranquila con ellos es porque es una farsa, no soporto estar cerca de ellos”, menciona Judith.

A pesar de la tragedia que Judith sufrió, ella es una joven con una gran expectativa de vida y se muestra entusiasta con su futuro, ha ido recuperando poco a poco la confianza en si misma y tiene planes de estudiar una licenciatura en administración. Asimismo, cuenta con una gran capacidad creativa para las artes, le gusta leer, dibujar, y escribir, incluso ha creado un personaje novelesco que nombró Emef, donde ella logra proyectarse y desahogar sus ideas y sentimientos.

Retrato de Judith B., raptada por las redes de tratantes en Tlaxcala, Tlaxcala el 8 de enero del 2018 y recatada en la Ciudad de México un día después.

“Me gusta sentir y saber que está bien lo que yo hago, confiar en mí misma, sin necesidad de que los demás vengan a decirme a cada rato que todo estará bien”, agrega Silvia.

“Emef tiene el cabello castaño con unas mechas más largas que otras, tez morena, seria, solo muestra su alegría con su hermana menor. Emef tiene ojos cafés, ni tan claros ni tan oscuros, casi no sonríe a menos que sea necesario. No es muy alta, estatura mediana, todos la identifican porque no la de la razón a nadie, siempre dice lo que piensa de manera muy directa, ella es segura de lo que dice, no duda en decir un comentario. También sabe superar lo que le pasa, a veces tiene miedo de que todo explote dentro de ella pero al final termina superándolo”, menciona Silvia sobre su personaje literario.

“Ahorita me puse una meta, terminar la preparatoria. Si mis papás se preocupan porque si tengo buen promedio o no, ya no me importa. Me enfocaré en hacer bien mis trabajos, no me importará ya que me digan que no logré el resultado que quieren porque quien lo está haciendo soy y no ellos”, además, Judith agrega que sus padres siempre han sido demasiado exigentes con ella durante su vida, que jamás a logrado tenerlos conformes. “Mi segundo propósito es entrar a la universidad, quiero estudiar administración de empresas porque detesto que me den órdenes”.

Judith B., tomada de las manos de su madre y padre.

Actualmente existen pocas organizaciones que se dedican a la búsqueda de personas desaparecidas con vida, la Red Retoño es una de ellas y mantiene sus actividades en los estados del centro y sur del país por la alta incidencia de este delito en la zona. “Hago esto porque soy mujer, porque las mujeres de mi familia muchas de ellas fueron obligadas al matrimonio forzado desde los 11 años, es una forma de violencia muy parecida a la trata, y porque siento un compromiso social de vida con otras mujeres, sé que la transformación de mi realidad por el hecho de ser mujer implica tener que participar en la erradicación de este tipo de violencia, el hecho de que le suceda esto a estas niñas , es como si me lo hicieran a mí y al gente que quiero. Incluso este lema de si tocan a una nos tocan a todas, parece eslogan, pero en realidad es trascendente, cuando lastiman a una mujer, a una niña, la siguiente puedes ser tú, tu hija, tu nieta”, comenta Miriam Pascual.